Encuentro entre Freud y C.S. Lewis. Ateismo vrs. fe


freud y cslewisSigmund Freud escribió en su agenda, 20 días antes de su muerte, que un catedrático de Oxford iba a visitarlo. Nada más. De aquella nota, Armand Nicholi, un doctor en psiquiatría de Harvard, imaginó The Question of God, un libro publicado en 2002 que recreaba un encuentro imaginario entre el padre del psicoanálisis y C.S. Lewis. Un debate sobre Dios, el amor, el sexo y el significado de la vida. Un intenso y onírico duelo de gigantes que la directora Tamzin Townsend —con texto de Mark St. Germain y versión de Ignacio García May— pone este martes 13 de enero en la Sala Pequeña del Teatro Español.

Ignacio Amestoy, director de UNIR Teatro, llamó a Townsend el 7 de enero de 2014 para proponerle la pieza. “Lo leí aquella misma noche y dije sí. Es una obra de personajes y contenido intenso. De contraste”. La última sesión de Freud presenta a dos interlocutores en puntos totalmente opuestos de sus vidas. C.S. Lewis, a punto de triunfar con Las crónicas de Narnia. Sigmund Freud, a tres semanas de su muerte. “Lo tienen todo en común sin tener nada en común. Piensan, investigan. Se escuchan”, explica la directora. El escenario se convierte en un cuadrilátero de combate intelectual y emocional durante 90 minutos.

¿Qué ocurre cuando alguien sabe que su tiempo se ha acabado? ¿Que llega ese último paso hacia la desaparición? Helio Pedregal se lo pregunta. Convertido en una ilusión casi perfecta del psicoanalista, asegura tener la cabeza desbordada: “Tal y como le ocurre a Freud durante la función. Me ha obsesionado el hecho de pensar qué pasa con alguien tan contestado, tan contrariado, tan mal tratado por muchos personajes poderosos de su tiempo. De qué modo alguien a esa edad y a punto de morir, se mira las manos y no tiene conciencia de qué es lo que se lleva, de todo aquello por lo que dio su vida”.

Enfrente, Eleazar Ortiz se convierte en su opuesto en un despacho en el londinense número 20 de Maresfield Gardens el 3 de septiembre de 1939. Un sentido del humor extraordinario, un pasado lleno de amigos perdidos por la Primera Guerra Mundial y una educación exquisita que acabó por llevarlo a Oxford, como catedrático.

Ese C. S. Lewis es el que representa Ortiz: “Me ha hecho feliz y, a la vez, es el personaje más complicado al que me he enfrentado. En toda mi carrera”. Ortiz, que se enganchó al reparto algo más tarde que Pedregal, siente que tuvo que pelear por encajar en el equipo y en el personaje. “Me costó mucho trabajo poner cuerpo al pensamiento y al carácter. Es un reto mantener la energía actoral con amabilidad pero con convencimiento absoluto sin que resultase cortante y fuese fluido”.

Sobre el escenario, las posiciones del debate son admirables. Ambos son absolutamente honestos con sus principios, algo que los valida aún sin compartirlos. La contradicción sin tratar de arrastrar al otro al terreno propio. Sin convencimientos. La reflexión y el debate profundo como balsa para el futuro y la convivencia. “El momento que viven juntos, la declaración de guerra por parte de Inglaterra a Hitler, se les viene encima. Intentan encontrar el sentido”, narra Pedregal, el negro en la pieza. El incrédulo, el escéptico. El muro.

“Uno de nosotros es tonto. Si tiene usted razón, se las arreglará para decírmelo. Si la tengo yo, nunca lo sabremos”. Es una frase de Freud a Lewis. El ateo convencido frente al profundo creyente. Una pieza de inmersión en el todo sin academicismos ni teorías. Del tú a tú.

Actualidad Evangélica

Fuente: ELPAIS.ES / ISABEL VALDÉS ARAGONÉS

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